domingo, 4 de octubre de 2015

Richard Avedon: talento al servicio de la moda.

Dovima, vestida de Dior, con elefantes. Circo Hiver, Paris 1955.

I never wanted to be called an artist. I wanted to be called a photographer."
Richard Avendon.


Richard Avedon nació en 1923 en Nueva York, dentro del seno de una acomodada familia judía de origen ruso. Todo apuntaba a que Richard entraria a formar parte del mundo de la moda: su padre, Jacob Israel Avedon era propietario de una próspera tienda de ropa en la Quinta Avenida de la Gran Manzana y la familia de su madre, Anna, eran empresarios textiles, así que el mundo en casa del pequeño Richard giraba en torno a este particular sector. Como él mismo recordaría años después: "Empecé a mirar el Vogue y el Vanity Fair antes incluso de saber leer, estaban por toda la casa..." Y sin embargo hizo falta que destino y azar, conceptos filosóficos opuestos, se conjuntaran para que Richard Avedon se convirtiera con el paso del tiempo en el fotógrafo de moda más fascinante e influyente de toda la segunda mitad del siglo XX.
Efectivamente el joven Avedon no mostró inicialmente especial vocación por la fotografía, a pesar de su viva admiración por esas imágenes que veía en las revistas que circulaban por su casa, en especial las de un nuevo e innovador fotógrafo húngaro, Martin Munkacsi, quien proveniente de la fotografía deportiva, publicó en Harper's Bazaar  desde 1934 a 1943 introduciendo un nuevo concepto de movilidad y dinamismo en la composición que obsesionó a Avedon desde el principio y que mas tarde habría de ser clave en su evolución. Sin embargo, Richard si que mostró una precoz vocación por la poesía y el teatro, destacando en el High School por promover junto al futuro novelista y poeta James Baldwin una meritoria publicación literaria, The Magpie, desde 1937 a 1940. Después del instituto acude a la universidad y se matricula en Filosofía, pero en 1942 el azar o el destino, véanlo ustedes como quieran, vuelve a intervenir y Avedon se alista para servir en la Armada de los USA al entrar su país en la Segunda Guerra Mundial, siendo destinado al servicio de la Marina Mercante como fotógrafo, donde da buen uso a la espléndida cámara Rolleiflex de lentes gemelas que le regaló su padre como despedida. Con ella y durante dos largos años se dedica sin cesar a fotografiar, realizando miles y miles de retratos identificativos del personal. Como el propio Avedon declaró, "no fue sino después de muchos miles de disparos que comenzé a sentir que en realidad me estaba convirtiendo en un fotógrafo". Por ello, cuando termina su servicio en la Armada decide seguir este camino y en 1944 se inscribe en la New School for Social Research para estudiar fotografía con Alexey Brodovitch, fotógrafo y director artístico de Harper´s Bazaar. Alexey reconoció inmediatamente el talento de su nuevo alumno y solo un año después de entrar en la escuela le dio la oportunidad de empezar a trabajar en la revista.
Vini, vidi, vinci. Avedon comienza a publicar en Harper´s Bazaar en 1945 y con ello se inicia la carrera profesional más meteórica, brillante e influyente de la historia de la fotografía de moda del siglo XX. Si bien en un primer momento ni siquiera se le permite usar un estudio para hacer su trabajo. No le importa, es más, el joven Avedon hace de la necesidad virtud, como solo los grandes saben hacer y saca a la calle a las modelos, las persigue con su cámara y, aplicando la sabiduría aprendida de las fotografías de Munkacsi, comienza a hacer unos sorprendentes reportajes con un estilo propio que inmediatamente le destacan sobre los demás. Esto no escapa a los ojos del gran jefe Brodovitch ni a los de Lilian Bassman que también trabajaba para Harper's Bazaar y que habría de convertirse inmediatamente en su segunda mejor mentora, después del propio Brodovitch, claro está. En solo un año Avedón afianza su posición y consigue dos grandes triunfos: abrir su propio estudio y viajar a Paris para hacer sus primeros reportajes para la revista Vogue (1946).
El desembarco en en la ciudad de las luces fue un feliz acontecimiento para todos pues el joven fotógrafo llegaba cargado de ideas nuevas en el momento preciso. El mundo de la moda francesa y europea empezaba levantar cabeza después de la guerra, pero sin embargo las publicaciones del sector mantenían  el mismo estilo monótono y encorsetado de antes de la contienda: hieráticas modelos posando como estatuas griegas suntuosamente vestidas, en posturas estereotipadas y sobre fondos cuidadosamente compuestos, a poder ser monumentales. Avedon rompe con este aburrido canon de la distinción e introduce la fotografía de calle en las páginas de las mejores publicaciones de moda del mundo con un nuevo aire dinámico, fresco y divertido. Las modelos no solo pasean por la ciudad sino que se expresan, gesticulan, sonríen e interactúan con el animado mundo que les rodea, se lo pasan bien y eso se transmite al espectador. Fue como si un soplo de aire fresco entrara en una habitación demasiado tiempo cerrada y de atmósfera viciada.
En los años cuarenta y cincuenta Avedon desarrolló este primer estilo, desenfadado, vitalista y alegre transformándolo con una dosis cada vez mayor de teatralidad (el teatro, su otra gran pasión) que materializa en las poses y actitudes de las modelos, similares a los de las actrices de la gran pantalla y en el cuidado esmero de las escenografías, pero siempre con frescura y una elegancia exquisita. Durante estos años nos deja perlas inolvidables, como por ejemplo el encantador reportaje en el que la modelo Elise Daniels nos muestra prendas de Balenciaga y Dior en plena calle rodeada por los forzudos y contorsionistas de un circo ambulante, una autentica delicia. La culminación llega a mediados de los cincuenta cuando para mostrar los más recientes vestidos de noche de Dior, la quintaesencia de la elegancia y sofisticación, sitúa a la esbelta y divina Dovima (la top model mundial más famosa en aquellos años) sobre el nada sofisticado suelo de arena y paja del circo Hiver de París, ante un grupo de impresionantes elefantes que danzan levantando sus trompas y moviendo sus pesadas patas al unísono en una singular coreografía. Solo un genio puede salir airoso de una idea tan disparatada y en este caso el espectacular resultado, que causó sensación, hablaba por si mismo. El triunfo absoluto de Richard Avedon se hizo definitivamente patente con esta imagen ("Dovima con elefantes") tal vez la más famosa de la historia de la fotografía de moda, que consiguió que se le considerara unánimemente como el mejor fotógrafo de moda del mundo.
Después de esto y durante más de dos décadas Avedon ejerció su reinado como el más influyente y apreciado fotógrafo de la alta moda mundial. Pero lejos de encasillarse, su estilo evolucionó radicalmente en este tiempo, tal vez influido por su paralela y cada vez más apreciada actividad como retratista. Abandonó progresivamente la calle para decantarse paulatinamente por el trabajo en estudio, siempre sobre fondos neutros, grises o blancos para resaltar más la figura, tal y como hacía en sus retratos. Esto le permitió controlar mejor la iluminación y centrarse plenamente en la modelo que en unos casos llena el encuadre con su sola presencia y en otros realiza ágiles saltos y poses al límite más propias de un ejercicio de danza, llenando la imagen de movimiento. El ejemplo más paradigmático de este innovador estilo que implantó un nuevo sello de la "marca Avedon" es sin duda la imagen de Verushka a mediados de la década de los sesenta saltando, diríase a punto de levitar, sobre un fondo gris y siempre elegantemente vestida.
Antes de rematar este post, que se está alargando quizás más de lo deseable, me gustaría hacer una última reflexión sobre el método de Avedon para realizar su trabajos de moda que era, caso curioso, diametralmente opuesto al usado en sus fotografías de retrato. Como vimos en el post dedicado a sus retratos ("Richard Avedon: retratos"), Avedon detestaba los retratos de pose estudiada y sonrisa estereotipada así que sometía a su retratados (iba a decir victimas) a tremendas y agotadoras sesiones hasta que la sonrisa desaparecía de la boca del personaje, un procedimiento nada agradable por lo general. Por contra, en su trabajo de moda, Richard Avedon era famoso en el mundillo por el excelente trato que daba a sus modelos. Nadie antes de él las había mimado tanto: se preocupaba por ellas al máximo, averiguaba sus gustos y procuraba satisfacerlas hasta el último detalle... Les daba simpatía y complicidad, se hacía amigo de ellas y al poco todas estaban tan encantadas de trabajar con él que estaban dispuestas a hacer lo que les pidiera, voluntariamente y con buena cara, lo que en su caso era especialmente importante (no debe ser nada fácil convencer a una top model en el cenit de su fama para que haga poses entre una manada de elefantes inquietos, por ejemplo). Por otra parte y en esto si coincide con sus retratos, la aparente facilidad y espontaneidad de sus fotografías son producto de un estudio previo y una cuidada planificación.
Finalmente solo me resta aconsejarles que disfruten con reposo de las imágenes que vienen a continuación, están todas entre lo mejor que el mundo de la moda ha aportado a la historia de la fotografía. En ellas se aprecia claramente la evolución de estilo y porqué los trabajos de Avedon resultaban inconfundibles. Yo particularmente he de confesarles que siento particular debilidad por esa primera etapa de los años cuarenta y cincuenta en la que alternaba magistralmente modelos patinando, contorsionistas, forzudos, damiselas pensativas, galgos afganos, camellos y elefantes de circo... personalmente se me antojan como un autentico prodigio visual, pero evidentemente cada uno deberá formar su propia opinión.
Y, como no, les deseo un feliz, hermoso y en este caso elegante domingo, amigos.



Richard Avedon para Dior. Place de la Concorde Paris, 1956

Christian Bérard and Renée, vestido de Dior, Le Marais, Paris, 1947

Richard Avedon para Dior. Place de la Concorde Paris, 1947

Capucine, con sombrero de Dior, Paris, 1948

Dorian Leigh con sombrero de  Dior, Gare de Lyon, Paris,1949

Dorian Leigh con ciclista, vestido de Dior, Champs-Elysées, Paris, 1949


Elise Daniels vestida de Balenciaga, Paris, 1948.

Elise Daniels con sombrero de Dior, Paris,1948.

Theo Graham con playsuit de Groblue, Nassau - Bahamas, 1946

Elise Daniels con sombrero de Paulette, Pre-Catelan, Paris, 1948

Dorian Leighton traje de noche de Piguet, apartemento de Helena Rubenstein, Île St. Louis, Paris,1949


 
Dovima con vestido wrap de Brooke Cadwallader, Gran Piramide de Giza, Egipto 1951

Dovima con vestido deClaire McCardell. Gran Piramide de Giza, Egipto 1951

Dovima con vestido de Balenciaga en el Cafe Les Deux Magots. Paris 1955.

Dovima, vestida de Dior, con elefantes. Circo Hiver, Paris 1955

Homenaje a Munkacsi: Carmen, abrigo de Cardin, Place Francois-Premier-Paris1957.

Audrey Hepburn y Art Buchwald, vestidos de noche de Balmain, Dior y Patou. Maxim's, Paris-1959

Nati Abascal con traje de baño de Brigance, Ibiza, 1964

Audrey Hepburn, New York,1967

Jean Shrimpton, vestido de noche de Galitzine, Londres, 1965

Jean Shrimpton, con toga de Forquet, Paris, 1965.


Richard Avedon : Cher, para la revista Vogue, 1969.


Richard Avendon para Vogue, 1969.

 Verushka con vestido Kimberly, New York, 1967.


Veruschka con vestido de Bill Blass, New York, 1967

Donyale Luna, sandalias y vestido de Paco Rabanne, New York, 1966


Twiggy, con vestido de Roberto Rojas, New York,1967

Penelope Tree, con el diamante "Briolette de la India" y peinado de Ara Gallant, New York, 1967.


Twiggy, New York,1967


Milla Jovovich, sombrero y camiseta de Yohji Yamamoto, London, 1998


Jade Parfitt and Esther De Jong, vestidos de John Galliano, Londres 1998


Stephanie Seymour, Paris, 1995


Stephanie Seymour, New York, 1995


Richard Avedon y Twiggy, años 60.

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